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Directorio de poetas que escriben en Rima Jotabé



Rima Jotabé



Directorio de poetas que escriben en Rima Jotabé en lenguas diferentes al Español

Directorio de Poetas que escriben en rima Jotabé en español
 
 
FERNANDO MONTAÑA LOZANO
 
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Fernando Montaná Lozano

Fernando
Montaña Lozano

El Líbano, Tolima (Colombia)
Reside en Villavicencio, Meta
(Colombia)

Amigo Libardo

(Jotabé)

a Libardo Antolínez


Entre variadas fuentes de energía
que acogieron mi sobria compañía

en las aulas, los patios y los prados
y todos los momentos compinchados,
encuentro a un amigo de dechados
y prístinos modales sosegados.

Hombre leal de duro trasegar,
noble en saberes conquistó lugar

en mi memoria de febril bujía
radiante en los problemas calculados.
¡Ni que decir, Libardo, del billar!



Bebida por comida


(Jotabé)


Me gusta el whisky, el vino, el aguardiente
y en la tienda me miman como cliente.

Me fían cuando no tengo dinero
y en mi boca se nota el desespero.
Consumo el alcohol, mi ser entero,
y actúo como intrépido soltero.

Mi afán es cuando busco la comida:
no fían y no encuentro la salida.

El dueño no me sigue la corriente
¡qué buena gente es el señor tendero!
Me hace cambiar comida por bebida.



Semilla de entereza


(Jotabé)

a Mauricio Hoyos


Leal y joven amigo de puesto,
regaste mi ilusión con noble gesto.

En días turbios de justa flaqueza
sin hallar en mi espíritu firmeza
diste a mis manos serena entereza
hasta ver germinar mi fortaleza.

Pasadas cuatro décadas, te digo:
nuestras misiones crecen como el trigo.

Y ha de darnos la vida todo el resto
para seguir creciendo en la riqueza
de adobar la amistad, querido amigo.



Honorable delincuencia


(Jotabé)


Almas en indulto organizan urnas
como si fueran sus jornadas diurnas.

De lejos las focalizan las gentes
y detectan que no son inocentes.
Delinquen aún, son incoherentes
y preservan su marca de decentes.

Ganarán, pues contarán los sufragios,
contradirán los más fieles presagios.

Cuando exploten personas taciturnas
culparán a los pobres dirigentes
de perversos y sórdidos naufragios.



El arte de incomodar


(Jotabé)


Tomo un taxi de aspecto pedregoso.
Tal es el conductor, que va azaroso.

Mas, me gustan los retos. Doy la lata:
«Mi señor, ¿es usted un buen pirata?».
«¡No señor! Yo no soy ninguna rata!»,
me grita acelerando, dando pata.

Si quieres mantener la tarde crítica
como es tu gusto, mente sibarítica,

dale entonces el turno a un fastidioso.
Si es taxista, como esta historia trata,
dile al cócora que hablen de política.



Goce maestro


(Jotabé)


Llega el momento de escuchar la vida
cuando la vida se encuentra servida.

Años de entrega, de luces y sueños,
tiempos sagrados de afectos y empeños,
campos de verdes y rostros risueños,
aulas orladas con rostros pequeños.

Salen al mundo buscando sumar
y hallan las llaves en todo pajar.

Bella Misión: eres vela encendida
que alumbra esperanza y prende sus leños.
Se eriza la entraña al verlos triunfar.



De la fuente a la poltrona


(Jotabé)


«¡A ver! ¿Tú eres el más coherente?
Hace años degustabas esta fuente.

Tu derecho a cambiar nadie lo niega,
tu derecho a pensar nada lo pliega,
tu derecho a opinar nada lo ciega,
tu derecho a orientar, tu fiel entrega.

Pero ahora en la altísima poltrona
a esta fuente tu orgullo la abandona.

¿Amas aún a tu vecina gente
a la que olvido tu arrogancia lega?
Engañada te puso la corona...».



Dudoso promontorio


(2 Jotabems)


Es curiosa mi abuelita
y aunque no es tan viejecita

hace y dice muchas cosas
que se pasan de chistosas.
Cierto día entre lamosas
vías, calles pedregosas,

vi un dudoso promontorio
que marcaba territorio

como a diez metros: caquita.
«¡Abuelita, no son rosas
pa'adornar un escritorio!».


«¡Claro, yo ya me di cuenta!
¿O acaso me cree lenta?».

Unos pasos adelante
¡Plaff! en un preciso instante
con pisada de elefante
talló la caca elegante.

Rastrillando el pie, me vio
la risa que me invadió.

Muy ofuscada y violenta
me gritó con voz punzante:
«¿Y usted por qué no avisó?».



Cuando ríe el subsuelo


(Jotabem)


En el cielo terrenal
ser a ser se miran mal.

Pero esbozan gran sonrisa
cuando presienten la brisa
que la frente les alisa
y les muestra la divisa.

Guarde Dios ese tal cielo
sepultado en el subsuelo.

Que no escapen del fangal
pues sus discursos de risa
son adornos de flagelo.



Algodones que puyan


(Jotabé)


Lerdas puyas debajo de algodones
entre celos comparten edredones.

Se alimentan de tronos y de alianzas,
observan de reojo semejanzas,
con el pan del vecino llenan panzas
y se ríen espiándose las lanzas.

Se abrazan y se tienden lisas manos,
se empujan y se asestan golpes sanos.

Emergen, se convierten en patrones,
al mundo legan grandes enseñanzas
y en el solio aparentan ser humanos.



Confusión cariñosa


(Jotabem)


Llama la bella abuelita
al nieto que necesita:

«Alfonso, Raúl, Miguel...
eh, eh, qué cosa... ¡Samuel!».
El niño de apuntes, cruel,
se le lleva hasta la piel:

«Abue, siempre en confusión...».
Ella le pide perdón.

«Mi amor, es que tu tiíta..».
«¿Ves? Confundes sal con miel.
Ahí tienes mi razón».



Un esquivo «sí»


(Jotabem)


Por respuesta sin reproche
por poco me gano un coche.

Un auto que conocí
caminando por ahí
me lo obsequiara, pedí
al dueño cara de ají.

El hombre con un cigarro
y voz agreste de tarro

que «No», me dijo fantoche.
Mas, si hubiera dicho «Sí»,
me hubiera ganado el carro.



Ruido que resta vida


(Jotabé)


Seres vacíos, desconsiderados
torturan a otros seres estresados.

Embelesados en majaderías
en salas de espera o en graderías
sus audios y videos, sus manías,
postulan sus futuras maestrías.

Hierve la sangre de los impacientes,
crece su furia en rechinar de dientes.

Los frescos abusivos solapados
en ruidos de nefastas felonías
en sala restan vida a los pacientes.



Crítico de cuatro años


(2 Jotabems)


Esperando una empanada
y una fría limonada

en un negocio desierto
que a las ocho estaba abierto,
inició pronto el concierto
de un jovencito inexperto.

Era un novato rapero
rebuscándose un dinero.

No era una alegre tonada;
era un ritmo casi muerto,
no de cantante salsero.


A mi lado, un tanto inquieto,
escuchó atento el nieto.

Sus cuatro años de alegría
fueron toda una osadía.
Aunque tenía alcancía
dijo que no donaría.

«¿Por qué no le quieres dar?»,
lo quisimos presionar.

Y el infante pizpireto,
respondió mientras comía:
«¡A eso no llaman cantar!».



Oigo el canto del mar


(Jotabem hexasílabo)


No vienes a mí,
mi bello alhelí.

Bella como el mar,
palmas que al danzar
quieren abrazar
y quizá besar.

Bella sinfonía.
En tu lejanía

canta el mar por ti;
y en ese cantar
te sueño en bahía.



Amigo lasallista


(Jotabé)


Es Fernando Salguero un gran amigo
generoso, versátil y testigo

de los dones del orbe lasallista.
En tiempos de solaz es futbolista,
a veces es letal mamagallista,
recia cotiza castigando pista.

Llegó a esta Villavo de curioso,
dispuesto a trabajar. Mas, silencioso,

encontró en la Bella gran abrigo
y no hubo de llamar a una entrevista
a la mujer que lo pensó de esposo.



El árbol da vida


(Jotabé)


Cursan los años y todo envejece,
se avería con frecuencia o fallece.

Los tristes vaivenes de la memoria
tan sólo retienen la vieja historia,
de la derrota devenida en gloria,
que gira y gira en distraída noria.

La desesperanza del porvenir
zozobra en auténtico sinvivir.

Mientras que el buen árbol que el viento mece;
despliega su follaje en franca euforia
y ofrece el fruto para subsistir.



En buenas manos


(Jotabea)


Desliza nueva vida con piel grácil de armiño
cuando el galeno abraza con vívido cariño.

Con pasos azarosos, mirada que se anega,
un hombre, oídos lerdos, al consultorio llega.
Un ser de bata blanca lo acoge con su entrega,
escucha sus dolores y a su misión se pliega.

Le palpa arriba, abajo, bromea con la herida,
le ayuda a levantarse, le indica la salida.

Otrora un ser quejoso, con avidez de niño
descubre su energía, la gratitud lo ciega.
No sabe que el de blanco con Dios insufla vida.



El orden cardinal


(Jotabé)


¿Saben cuántos dedos tengo en mis manos?
Supongamos que completos y sanos.

En mi mano izquierda, meñique diez,
el dedo más curioso en la niñez.
Anular nueve, dicen idiotez.
El corazón es ocho, calidez.

Siete es el índice de señalar
y seis le corresponde a mi pulgar.

¿Que cuántos dedos tengo, mis hermanos?
Van seis; y aquí tenemos la extrañez:
¡Once si pongo la diestra al sumar!



La danza del sumiso


(Jotabé)


Me han puesto nariguera y aparento
seguir, cabeza erguida, muy contento.

Pensar que en esta danza de millones
de seres aceitando sus pistones
tras el canto de plácidas canciones
desenrolla mis rudas emociones.

Mi leal nariguera: eres hermosa,
mas, sin billete no serás mi diosa.

Ven para acá, te espero en mi aposento.
Llenarás mi bolsillo en elecciones
no importa si después caigo en la fosa.

 
     
 
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