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Directorio de poetas que escriben en Rima Jotabé



Rima Jotabé



Directorio de poetas que escriben en Rima Jotabé en lenguas diferentes al Español

Directorio de Poetas que escriben en rima Jotabé en español
 
 
ANDRÉS BORTHAGARAY TÁBOAS
 
Poemas página 2
Poemas página 3
 
Ceci Burló

Andrés
Borthagaray Táboas

Punta del Este (Uruguay)

Antes de apagar la luz

(Jotabem hexasílabo)


Señor, la jornada
se cierra, callada.

Fue mi mano dura,
callé la ternura,
juzgué sin mesura,
guardé la amargura.

Perdón y consuelo
derrame tu cielo.

Si llega la helada,
en tu mano pura
despierte sin duelo.



El torno


(Jotabé)


Te tomo la cintura contra el torno.
Y crece, vuelta a vuelta, mi bochorno.

Mis manos te levantan como barro,
los dedos te separan, y te amarro
la lengua al vientre; bebo de tu jarro,
y el eje se desboca en un desgarro.

Se seca el agua, muerde la codicia:
dos cuerpos que se beben sin pericia.

Y al alba, ya deshecho, sin retorno,
no queda de la noche ni un guijarro,
salvo el hueco que guarda tu caricia.



Oración por Juan Benito


(Jotabé Contera)


Señor, escucha el ruego de un hermano
y ten al cirujano de la mano.

Su familia lo cerca en el desvelo
y eleva su oración hasta tu cielo:
que el quirófano temple tanto hielo,
que a su sangre descienda tu consuelo.

La Rima Jotabé reclama abrigo,
mas nuestro corazón lo llama amigo.

Señor, que lo levante ya tu mano;
que su familia vierta su consuelo:
más que la Rima, reza el pecho amigo.



¿Quén sos?


(Jotabea con versos franceses)


Agoniza la enferma; un Tribunal la encierra.
—¿Quién eres? —le pregunta la grave Voz que aterra.

—Soy mujer del alcalde —responde. Frase vana.
—Fui madre cuatro veces. Tampoco así se gana.
—Fui maestra de escuela. La Voz sigue lejana.
—Soy cristiana —confiesa. Y la pregunta, llana.

—Ayudaba a los pobres, cumplía el santo oficio.
—No pregunté tus obras. No supera su juicio.

Quién era, no lo dijo; la vuelven a la tierra.
Despertó de su noche con decisión temprana.
Quiso saberse entera. Y su ser tuvo inicio.



Jotabé de la casaca azul


(Jotabé decasílabo)


Se calzó la casaca de honor,
la de azul que ya supo el clamor.

El inglés asomó su puñal;
vino en olas el cerco total,
hasta que un latigazo frontal
batió desde lejos el umbral.

Un cabezazo de plenitud
reventó la noche en gratitud.

La casaca cumplió su labor:
el domingo le queda un final.
¡Al gran pueblo argentino, salud!



Se ve de oído


(Jotabé)


Vuelve a cantar oculto el carricero
entre los carrizales del estero.

Mi padre me enseñó su silbo agudo:
«se ve de oído». Y yo, testarudo,
buscaba por las cañas el menudo
cuerpo escondido tras su voz de escudo.

Mi padre ya se fue; pero el quebranto
se aquieta si el juncal levanta el llanto.

Cuando me calle bajo el mismo enero,
alguien sabrá silbar aquel saludo
que un padre esconde dentro de su canto.



A Wisława Szymborska, la poeta del «no sé»


(Jotabé)


Escribía despacio en un rincón,
metiendo el mundo entero en un renglón.

Hablaba de cebollas y de nada,
de un gato en una casa abandonada,
de cómo el azar cambia la jugada,
y todo, con risa disimulada.

Su «no sé» fue su fuerza más sutil:
en cada duda encendía un candil.

Le dieron un Nobel, y sin sermón,
siguió siendo la misma, reservada,
su duda, siempre llave y no fusil.



Dicen que...


(Jotabé)


Dicen que en cincuenta muere la Tierra.
Dicen que pronto acaba todo en guerra.

Dicen que ya la máquina domina.
Dicen que pronto sana ya mi ruina.
Dicen que un meteoro nos calcina.
Dicen que el clima ya nos asesina.

Dicen que me amarás sin más razón.
Dicen que nadie ya tendrá patrón.

Dicen que el miedo a todos nos entierra.
Dicen que un mundo nuevo se adivina.
Dicen que vivirá nuestra canción.



Reverbero


(Jotabé tridecasílabo)


Salamar, la luz mala que enluta el pinar,
ni numen que tutele ni abismo ni azar.

No reza ni maldice, ni gime el lamento,
respira sal y bruma, se peina en el viento,
no salva al que naufraga ni inflige tormento,
recorre la ribera a paso macilento.

Ni buena ni mala, ni sombra ni navío,
es pura indecisión temblando en el rocío.

Quien osa contemplarla no halla su hogar,
lo tienta a que la siga, lo enreda el portento,
y sigue a Salamar hacia su desvarío.



Salutación de un vate del Siglo de Oro, al inventor de la Rima Jotabé y a los jotaberos, en el día de su fiesta


(Jotabé)


Hispano vate del dorado coro,
mando al porvenir un canto sonoro.

Salud, Juan Benito, suma valía,
que la rima dotasteis de hidalguía,
y al verso disteis vida y melodía,
honráis la neoclásica armonía.

Gloria a los jotaberos, grey amada,
que guardáis la preceptiva sagrada.

Vivid, que vuestro nombre ha de ser oro,
y eterna en bronce vuestra nombradía,
viva el jotabé, flor de la enramada.



Día de la Rima


(Jotabea)


Hoy es el claro día, de espléndida nobleza,
que a todos los cofrades congrega con largueza.

Qué dicha hallar la rima, regalo al buen hermano,
que teje en cada verso su acento castellano,
Conozco buena gente, de trato muy humano,
y aprendo de su ejemplo sencillo y cotidiano.

Por eso en esta fecha se exalta la alegría,
y crece en nuestras almas fraterna la armonía.

Juan Benito, maestro, te ofrendo mi terneza,
que vivas largos años, cantor jamás anciano,
y siga floreciendo la humilde poesía.



¿Y tú?


(Jotabé)


¿Por qué te afanas tanto un día más,
si todo cuanto juntas queda atrás?

¿Vives de veras hoy, en el presente,
o arrastras el ayer como un doliente?
¿Hacia qué corres con afán urgente,
si todo al fin te deja indiferente?

¿Por qué quieres más oro, más blasón,
más plata, más poder, más posesión?

¿Late tu vida a ritmo o sin compás?
¿Sigues tu propia voz o la corriente?
¿Y al fin, para qué vives? ¿Hay razón?



A mano


(Jotabé)


¿Qué sentido persigo tan lejano
si el bien que busco ya lo tengo a mano?

No vive más quien anda el mundo entero,
ni goza más quien junta más dinero;
se vive en el abrazo verdadero,
en el pan que partimos, compañero;

La vida no se gana en un sermón;
se gana a puro pulso, con tesón.

Se vive en lo pequeño y lo cercano,
jamás en el dorado venidero,
sino en el hoy que nos da su sazón.



Tú y yo


(Jotabé)


Fui tabla sola de torcido grano,
vos, otra tabla de distinto plano;

Nos urdieron los años la juntura,
sin un clavo ni resina en su hechura,
calzo en tu hueco exacto sin costura,
y el roce de los días nos madura.

El uso no desgasta: da dureza,
pule la veta su antigua aspereza.

No lo escribió ningún astro lejano,
lo dice el corte fiel que ya perdura,
veta contra veta: pura firmeza.



Casa de cristal


(Jotabé)


Quitamos a las puertas el candado,
y ya nada en nosotros fue nublado.

Nos alumbró sin tregua un mismo día,
y la luz, como un juez, nos perseguía;
ninguna sombra ya me defendía,
y expuesto, lo secreto se moría.

Amar a plena luz y sin cuartel
desnuda lo que fuimos, hueso y piel.

De pura honestidad templo sagrado,
que no guardaba altar ni lejanía;
y, sin un solo pliegue, fue papel.



El hueco


(Jotabé)


Abrí la mano y la encontré vacía,
y nunca tuve más en esta vía.

La copa por su hueco está colmada,
la flauta sin su hueco está callada,
la casa por sus vanos es morada,
todo lo que sirve sale de nada.

Me asomo dentro y soy apenas hoja,
y el viento, sin un dueño, me despoja.

Por dentro todo pasa: travesía;
ardo sin sostener: llama prestada,
y al fin, sin aferrar, la mano afloja.



Verlaine, o la música contra el bronce


(Jotabé hexadecasílabo)


Nació con un violín dentro, su sangre fue siempre inquieta:
buscó sonido y neblina, renegó de la trompeta.

Quiso un hogar con Mathilde, pensó cumplido el destino:
vino a su puerta un muchacho, cual viento, cual torbellino
que le secó, copa a copa, su recto y noble camino;
ciego de celos, un día, tiró contra el adivino.

En Mons pagó dos inviernos, royó su pan de amargura,
roto, de hinojos y en llanto, tocó por fin la ternura.

Salió maldito y bendito, partido por la saeta;
mató la pompa del verso, dejó que sonara el trino;
murió pobre en un camastro, mas, su palabra perdura.



Pólvora


(Jotabea)


¡Delmira! Tu deseo brilló cual roja llama,
detrás de tu sonrisa la sed oculta clama.

Tus versos eran brasas, tu sangre ciega ardía,
rompiste los pudores con voz que no fingía
¡Tu siglo te juzgaba, su miedo te mordía,
y alzaste un cáliz roto que sola se vacía!

Firmaste tu sentencia, te ataste a su condena,
dos tiros en la sombra cerraron ya tu escena.

¡Y aún tu voz ardiente nos abrasa y reclama!
Tu sombra por los versos palpita todavía
¡pero tu propia tierra te llora y te enajena!



Domingo adentro


(Jotabé)


Afuera el aire muerde con su frío,
y adentro me cobija el nido mío.

Aquí, con mi familia el pecho sana,
forjamos los proyectos de mañana,
y el hoy nos sabe a gloria cotidiana,
y el humo del café ya nos hermana.

La ciudad se adormece en su sosiego,
y al lado del amigo brota el juego.

Soñamos el futuro como un río,
mas hoy nos basta el sol de la ventana,
y en casa, sin reloj, custodio el fuego.



Cota


(Jotabé tridecasílabo)


La casa de mi infancia abrió su vieja puerta,
la cocina sigue, como entonces, despierta.

Yo crecí junto al marco; lo prueba el cuchillo,
el piso se hundió de correr por el pasillo,
escondí mi secreto detrás del ladrillo,
hubo gritos duros bajo el foco amarillo.

Me dieron de comer, abrigo en cada helada,
la mano en mi frente cuando ardió la almohada.

Vuelvo sin la llave; la encuentro entreabierta,
y alcanzo, sin trepar, aquel viejo pestillo.
Me mido, de adulto, contra aquella morada.



Nevada


(Jotabé decasílabo)


Sobre lo blanco, mi sombra helada.
Todo lo borra la gran nevada.

Mi mano traza un cauce vacío,
perfila la niebla sin rocío,
esboza un silencio sin hastío,
dibuja el contorno de un gentío.

Ausente, la huella queda presa,
retiene un temblor que nadie expresa.

Y en su blancura, ya resignada,
duerme el secreto de un desvarío:
lo que se calla siempre regresa.



Sin armadura


(Jotabea)


Llevaba la palabra, guardada contra el pecho,
me pudo más el miedo, traición a mi derecho.

El verbo que se traga se pudre en amargura,
callar ante lo injusto jamás será cordura,
la boca que enmudece se llena de basura,
decir lo que se piensa requiere gran bravura.

Quien habla sin rodeos se quita la mordaza,
confronta al poderoso sin miedo a la amenaza.

Prefiero el riesgo claro, diré lo que sospecho;
aunque la lengua tiemble, la voz es mi soltura,
es libre quien se atreve, quien quiebra su coraza.



Cañito


(Jotabé)


En el feto vivía un eslabón
que cruza por arriba del pulmón.

Mamá por los dos siempre respiraba,
porque al pulmón el aire no llegaba.
La sangre por su atajo caminaba
y el caño suplía lo que faltaba.

Y al nacer ya se cierra despacito.
Pero a veces se queda calladito.

Un médico auscultaba el corazón:
le ponía la oreja y lo escuchaba.
Arteriosus le llaman al cañito.



Volvió


(Jotabé)


Lo esperaba detrás del vidrio helado,
pegado al ventanal, ya congelado.

La lluvia sobre el patio repicaba,
el reloj de cocina se atrasaba,
mi madre con un trapo se secaba,
y nadie en la familia lo nombraba.

Llevaba en la garganta un viejo peso.
La espera me crecía, hueso a hueso.

Y por fin un domingo, demacrado,
subió por la escalera, jadeaba,
Padre vino un domingo a darme un beso.

 
     
 
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