
Andrés
Borthagaray Táboas
Punta del Este (Uruguay) |
Mesa
(Jotabé)
Aquí desayunaba en esa mesa
mi madre lo servía sin sorpresa.
El filo de la mesa está gastado,
de tanto plato puesto y retirado,
y un día en esa mesa se ha callado
dejando su lugar abandonado.
Mesa que guarda olor de aquel momento,
la sopa que se enfriaba con el viento.
Aquí sigo sentado en esa mesa,
el sitio de mi padre está a su lado:
mi madre sirve un plato sin asiento.
Manos
(Jotabé)
Las manos de mi madre en madrugada
cosían una sábana rasgada.
Las manos que tejían con amor,
las manos en la tela y su sudor,
aquellas manos llenas de calor
que planchaban la arruga con ardor.
Las manos que cuidaban lo escondido,
manos que sostenían lo vivido.
Mis manos hoy repiten madrugada,
las manos que rezaban por mi amor,
manos que ya reposan en su nido.
Duelo
(Jotabem bisílabo)
Llora,
ora.
Calla,
halla,
falla,
talla.
Dura,
pura.
Hora,
valla,
cura.
Chancleta al aire
(Jotabé)
Recuerdo aquella tarde de verano,
la risa de mi abuela, gesto arcano.
Blandía la chancleta del armario
gritando que venía al tafanario,
corría por la casa su inventario
de trastos y de platos, caos diario.
Mas nunca llegó el golpe, hoy comprendo
que el juego del amor al fin aprendo.
Hoy palpo ese cariño tan cercano,
y miro su retrato en mi santuario,
su risa que en mis sueños sigo oyendo.
Alejandra Pizarnik
(Jotabé)
Hija del éxodo y sangre extranjera,
con las palabras forjó su trinchera.
Nombrando lo que duele, su tormento,
con Olga navegando el sufrimiento,
tejiendo en el silencio un pensamiento,
con tinta desangraba su lamento.
Las calles de París le dan temblor,
y Diana floreció con su clamor.
Julio Cortázar la quiso sincera,
mas ella se perdió en su aislamiento,
hoy nos llega vivo aún su fulgor.
El gato de luna
(Jotabem hexasílabo)
Un gato empapado
de luna ha soñado
que puede nadar
por cielos de mar,
sin alas volar
y el sol atrapar.
Sueña con el viento,
hecho ya de cuento.
Despierta mojado
con ganas de amar,
pleno de contento.
A don Alfredo Zitarroza
(Jotabé)
Tu voz me llega como un fuerte viento
estremeciendo el alma en su lamento.
Guitarra Negra canta con bravura,
desborda su cantar toda dulzura.
Tu compromiso fue de tal hondura
que ni el exilio pudo herir su altura.
Al pueblo le brindaste tu fervor
y tu palabra fue grito y clamor.
Con tu canción encuentro siempre aliento,
Zitarrosa, tu voz es voz segura,
cantor del pueblo, fuerza y de valor.
Navidad nuestra
(Jotabé)
Bajo el cielo estrellado del verano
celebramos la luz con cada hermano.
Vecinos iluminan cada calle
alumbrando las casas al detalle,
con la familia reunida en el valle
cantando al niño con amor que estalle.
Sobre la mesa un pan huele fragante
con vino dulce para el caminante.
Y arde la fe con el calor humano
mientras suenan guitarras sin que falle
celebrando el amor que es militante.
Forzar la rima
(Jotabé)
Por culpa del sonido nace el miedo,
y ante tanta exigencia yo no puedo.
El ritmo se derrumba en la tormenta
cuando la rima mala lo revienta.
Y revelando gran torpeza cruenta
haciendo la lectura muy sangrienta.
Quien fuerza la palabra es desgraciado,
y deja al buen lector tan extenuado.
Hasta que el buen lector pierde denuedo,
pues tanta incorrección le desalienta,
y tu verso termina despreciado.
Mi perro fiel
(Jotabé)
Te recuerdo saltando bajo el cielo,
y junto a ti volaba libre en vuelo.
Nadie pensaba que hubieras ya muerto
el inmenso dolor que siento es cierto.
Sin tu presencia el mundo es un desierto
igual que queda en el invierno un huerto.
Fuiste mi compañero tan glorioso,
leal y muy cariñoso y virtuoso.
Tu bello recuerdo es mi gran consuelo,
y aunque mi pecho sigue bien abierto,
conservo tu cariño tan precioso.
Consejo ante el enojo
(Jotabé)
Cuando despiertas tú malhumorado
y piensas que hasta el perro está enfadado
no caigas en pequeña fanfurriña
que no merece ni siquiera riña
recuerda que la vida es cual campiña
donde hasta el mal humor al fin se aliña.
Respira hondo, deja que pase el viento
y luego hasta la rabia es solo cuento.
Lo malo pronto queda en el pasado,
el berrinche se esfuma como niña
pues vuelve la sonrisa en un momento.
Lamento del viajero
(Jotabé)
Hubo antaño sosiego y gran ventura,
y cuando el bosque alzaba su espesura.
Agora miro el vergel hoy talado,
las aguas turbias y su albor velado,
el aire denso de ponzoña orlado,
y todo el campo yace ya asolado.
¿Qué mengua infame aquí trajo este mal?
¿Qué guerra ciega y qué rencor mortal?
Del mundo entero ya cambió la hechura,
el yermo prado queda amortajado,
mas cifro en Dios un bien que es auroral.
En honor a Arthur Rimbaud
(Jotabé)
Bebió del cosmos el febril aliento,
su pluma fue un relámpago en el viento.
Su verso ardió con luz de profecía,
el barco ebrio en abismos de osadía
rasgando entre vocales de agonía
la perla que alumbrara la armonía.
Calló su voz en tierras de dolor
y el África tragó su último ardor.
Dejó un incendio azul en su tormento,
su silencio late en la poesía
y enciende sin cesar nuevo esplendor.
La danza de nueve astros
(Jotabé)
Mercurio asciende en ráfagas de ardor,
y Venus hiere con su lento albor.
La Tierra sueña una verdad esquiva,
y Marte sangra su nostalgia viva,
Urano vuelca su quietud furtiva,
Neptuno llora su distancia altiva.
Júpiter truena majestad obscena,
Saturno ciñe su corona ajena.
Plutón custodia el último temblor,
y nueve abismos danzan su deriva
hilando el cosmos en su miel serena.
Peregrino en la noche
(Jotabé)
En la noche profunda voy ligero.
Interrogo en el viento mi sendero.
Las sombras me responden en el cielo,
con voces que susurran en el vuelo,
mi pecho que siempre busca consuelo,
voy donde la tarde sangra ya en duelo.
Lejos dejo mi sombra, la mirada
de todas las verdades sepultada.
Persigo mi camino verdadero,
sin nombre ni rumbo con el recelo,
hacia la muerte que es verdad contada.
Pero, ¡qué lástima!
(Jotabé dodecasílabo)
La esperanza huyó como un ave fugaz,
dejando a mi alma tan carente de paz.
Todo lo que amaba en las sombras murió,
la dicha en silencio sin rastros partió,
el sueño que un tiempo del alma vivió,
la fe de mis días todo lo perdió.
Cayó como hoja la ilusión al pasar,
y todo se torna difícil lograr.
El tiempo es un ladrón, voraz y tenaz,
que roba la vida, que miente y dolió,
sin dejarme nunca ya poderlo hallar.
El réquiem del siglo
(Jotabem)
Dios observa el desaliento
de este lúgubre momento;
todo el hombre es impostor
que trafica su candor,
la decencia da rubor,
nadie exige su favor,
verdad con engaño es trecho,
la existencia es un acecho,
se acabó el entendimiento:
el justo vive en temor,
Cristo llora en su despecho.
El bazar de la ignominia
(Jotabem)
En el mundo hay confusión,
se pierde aquí la razón;
el sabio vende su ciencia,
el santo oferta creencia,
todos trafican su esencia
sin pagar por indecencia.
La farsa es nuestro consuelo,
el fraude, dulce desvelo,
y nadie escucha el sermón:
el noble vende paciencia,
Cristo yace en desconsuelo.
Las manos del filósofo
(Jotabé)
Las manos sabias del pensar contienen,
el noble fornimento que sostienen.
Moldean la estructura de conciencia,
refinan el mundo, extraen la esencia,
convierten el caos en pura ciencia,
y otorgan al verbo noble presencia.
Sus nobles palmas las han modelado,
un mundo de ideas bien cimentado.
Con sus ágiles dedos luz detienen,
del ágora destilan la sapiencia,
dejando el concepto puro y labrado.
Epitafío
(Jotabé)
Julián buscó la gran fama y honor,
ansió también buscar gloria y fulgor.
Estudió después libros sin cesar,
pensó que más saber iba a bastar,
cambió después la luz por estudiar,
tornó después su vida en un errar.
Vivió después en honda soledad,
sin ánimo próximo ni hermandad.
Están sus lápidas de gran dolor:
él logró el saber mas no gozar;
búsquenlo así, mas guarden la piedad.
3I/ATLAS
(Jotabé)
Del infinito vino a visitarnos,
peregrino de fuego a deslumbrarnos.
Polvo estelar que cruza sin cesar,
viajero errante del cielo lunar,
su estela irradia en luminoso altar
del firmamento que ansiamos hallar.
Cometa audaz que nos trae portento,
mensajero del cosmos en lamento.
Rasgó la noche oscura hasta encontrarnos,
legado sideral y secular,
y sigue su destino con su aliento.
La fatiga del yo
(Jotabé)
El sujeto se explota sin cesar,
rendimiento extremo sin descansar.
Sociedad cansada tan transparente,
tan conectada pero indiferente,
el yo se agota siendo omnipotente,
perdiendo al otro tan solo presente.
Positividad se vuelve en dolor,
violencia sutil del gran rendidor.
El alma se consume sin parar,
el tiempo agotado se hace latente,
sin encontrar jamás ningún fulgor.
Adicción digital
(Jotabé)
Ring! El móvil desangra la atención
mientras crece la adicción, el tirón.
Clic tras clic, el dedo ya delirante
consume vida con fulgor constante,
el pulgar vaga sin cesar errante
hacia un abismo digital distante.
Crash! Se derrumba todo lo real
y nos sumimos todos en virtual.
¿Zombis sin alma? Ja, qué reflexión
tragando los likes como mendicante,
perdidos en la red sin terminal.
Grieta del tiempo
(Jotabé)
El hielo grita ¡crac! último aliento,
mientras la Tierra exhala su lamento.
La mar devora costas hora a hora,
arde el bosque, y el cielo se evapora,
y la infancia seca de sed que implora,
y el mundo gira su sentencia ahora.
El hombre mira nuestro edén herido,
su templo de plástico y humo hundido.
Futuro roto en este cruel momento:
glaciar que llora, muerte que colora,
carbón que entierra el último latido.
El abrazo del absurdo
(Jotabé)
Despierta el alma en vacío sombrío,
pues la nada resplandece con brío.
El cosmos exicial niega el sentido,
la muerte acecha firme en el latido,
mas él abraza el mundo sin sonido,
ama la llaga de vivir herido.
Rechaza el yugo de la cruel razón,
arde en la llama de su gran pasión.
Libre camina aunque el camino es frío,
construye en ruinas su jardín perdido,
acepta al fin su mortal condición.
Réquiem de Ajmátova
(Jotabé)
En San Petersburgo prendió tu llama,
donde el Neva gris susurra su drama.
Guardaste en tus versos el mudo llanto,
la cola infinita del crudo espanto,
el hijo cautivo tras duro manto,
de la noche ártica y su cruel quebranto.
Tu pluma fue lágrima y juramento,
testigo veraz del soviet tormento.
Ajmátova eterna será tu fama,
del pueblo eslavo guardaste su canto,
Cantaste amor, muerte, sin fingimiento.
Del sueño y la memoria
(Jotabé)
Bajo el sopórtico ya ennegrecido,
do el alma encuentra su postrer sentido,
maguer el tiempo con su garra arcano
tañe campanas del destino humano,
y en cada piedra del portal ufano
fenece el día con andar galano.
Aqueste umbral de sombra permanente
guarda memorias del ayer ferviente,
mientras las horas van con paso herido,
y el muro pétreo, testigo anciano,
otea el orbe con saber vidente.
Heraldo del dolor humano
(Jotabé tridecasílabo)
En Santiago de Chuco brotó piedra oscura
donde el bardo trocó todo el hambre en ternura.
Heraldos Negros golpearon su costado,
y Trilce alzó el puñal contra el verbo sagrado;
cada hueso partido fue un verso sangrado
buscando el pan de un Cristo ya crucificado.
París bebió su fiebre y cruel padecimiento,
Viernes Santo eternal fue su postrer aliento.
«Hay golpes como el odio de Dios», su voz pura
España con su muerte lo había abrazado,
murió lloviendo sobre su cruel sufrimiento.
El vacío del ser
(Jotabé)
Busco el sentido del padecimiento,
mientras se quiebra mi cansado viento.
La vida es sombra, pura, desolada,
sin luz ni rumbo, ciega, destinada
a ser ceniza eterna, condenada
por tiempo cruel que nunca da posada.
Pregunto al cosmos desde mi sendero
buscando luz con paso verdadero.
Queda el vacío, cruel conocimiento,
sin respuesta que calme mi mirada,
solo el silencio de mi ser entero.
Redota y destino
(Jotabé)
Se fue con los gauchos por el camino
cuando la Redota forjó destino.
Artigas peleó sin pedir gloria,
y con coraje ganó la victoria,
su voz quedó en la honda memoria,
tierra oriental que guarda eterna historia.
La traición lo vendió, con saña ardiente,
murió exiliado, mas vive presente.
El gran Jefe Oriental fue peregrino,
su poncho vuela como trayectoria
de la Banda Oriental, siempre de frente.
El otro rostro
(Jotabé)
La luna es un espejo sin fortuna,
moneda que no alcanza mano alguna.
Su luz traza un designio tan complejo
que el alma se extravía en su reflejo,
y es cifra de un enigma en el bosquejo
del tiempo que se mustia como un dejo.
Quizá es la sola máscara inocente,
la faz que mi vigilia busca ardiente.
¿Qué busca el hombre cuando ve la luna?
Tal vez su propio abismo en el espejo,
o el pulso de una herida que no siente.
Homenaje a Pedro Salinas
(Jotabé)
Pedro forjó silencios de ternura,
alzó con voz de sombra su escritura.
La exactitud fue lava, su legado,
el pulso fiel del mármol cincelado,
amor que se hizo fuego enamorado,
el verso que en cenizas ha cifrado.
Su exilio fue raíz que desflorece
y da un fruto de ausencia que estremece.
Madrid sin él perdió toda hermosura,
dejando un testamento ensangrentado:
¡su ausencia en luz eterna permanece!
Jotabé tango
(Jotabé)
Llora el bandoneón en el suburbio,
y baila la noche con su disturbio.
El tango se abraza con la vereda,
la pena camina como una seda,
el fueye solloza porque se queda
sin ella, que al alba se fue de rueda.
La esquina conoce todos los males,
y guarda secretos sentimentales.
Suspira el gotán desde aquel exturbio*
llorando la historia que se le enreda:
murió entre nostalgias y entre puñales.
* Exturbio. Palabra del lunfardo que significa «extraradio» o «afueras».
Teorema de una sombra dorada
(Jotabé)
Paralelas no tocan a su hermana,
pero cruza una recta soberana;
surge entonces proporción muy dorada
que mantiene razón siempre sagrada,
Tales miró en la sombra proyectada
cómo hallar la medida deseada.
Todo el universo es geometría,
los triángulos danzan con armonía.
Proporción constante, de forma humana,
matemática queda demostrada:
¡geometría es pura poesía!
Ígnea diatriba del ser preterido
(Jotabé)
El sílex hirsuto de oprobio impío
flagela al ínclito con saña y brío,
y el éter trémulo de aciaga suerte
calcina vísceras con golpe fuerte.
La estulta pléyade con risa inerte
prodiga escarnios al que no pervierte.
¡Déspotas de infausta, errática grey!
¡Vuestra soberbia fenece sin ley!
Pétreo yunque del pueblo sombrío
transmuta en lábaro su afán conscierte,
¡ígneo magma que derroca al rey!
Tu voz, Delmira, siempre fue inmortal escritura
(Jotabea)
Tu voz, Delmira, siempre fue inmortal escritura,
tu verso dulce siempre desnuda el alma pura.
Tus versos encendieron las llamas del ardiente
deseo, y tú rompiste silencios de doliente
pasión; tu pluma osada fue siempre vehemente
al referir amores con fuerza muy creciente.
Allá en Montevideo, naciste, luz sagrada,
mas, una muerte cruda te dejó silenciada.
Hoy desde Uruguay tierno honramos tu dulzura,
tu legado perdura en verso permanente,
y tu palabra vive por siempre consagrada.
El tiempo del artista
(Jotabé)
Bajo el arce contemplo mi tristeza
mientras pinto con cera su belleza.
El tiempo acre consume cada instante
del lienzo que mi gesto hace vibrante;
y crea luz del corazón amante
y nunca su valor será menguante.
Así nace del duelo la armonía
cuando el pincel despierta cada día.
Mi obra guarda música y fortaleza,
pues todo cuanto el tiempo dominante
destruye, en mi pintura es melodía.
El tiempo del artista
(Jotabé)
Bajo el arce* contemplo mi tristeza
mientras pinto con cera* su belleza.
El tiempo acre* consume cada instante
del lienzo que mi gesto hace vibrante;
y crea* luz del corazón amante
y nunca su valor será menguante.
Así nace del duelo la armonía
cuando el pincel despierta cada día.
Mi obra guarda música y fortaleza,
pues todo cuanto el tiempo dominante
destruye, en mi pintura es melodía.
Palabras que son anagramas: arce, cera, acre, crea.
Alma sin cadenas
(Jotabé)
Alfonsina cantaba sinfonía
y en sus versos mostraba rebeldía.
Su alma rompió todo aquel sufrimiento
alzando siempre su férreo aliento,
mostró al mundo cada nuevo momento
con su voz dulce y su hondo lamento.
Su verso eterno nos hace cantar,
libre poeta de intenso soñar.
Escribió siempre con honda porfía
rompiendo normas con puro talento
y vive eterna en nuestro despertar.
Las artes del destino
(Jotabé utilizando el recurso del anagrama)
Las artes* buscan siempre la belleza,
mientras el alma siente su grandeza.
El genio debe estar* en el camino
donde florece el verso cristalino;
la musa resta* tiempo al peregrino
que va tesar* su lienzo vespertino.
¡Cuánta pasión requiere la pintura!
¡Cuánto dolor esconde la escritura!
Al fin el arte muestra su nobleza
cuando el artista toca lo divino
y trasciende así su humana criatura.
Palabras que son anagrama: artes, estar, resta, tesar.
Un corazón de esmeralda
(Jotabé)
Un verde de los siglos, muy latente,
con un fulgor de gema transparente.
Tu corazón de selva es tan divino,
que portas en tu luz nuestro destino;
eres rayo de sol muy matutino,
la joya que ilumina mi camino.
Emana de tu faz una frescura,
que imita de la fronda la figura.
La verde esmeralda es siempre potente,
un sueño de color tan peregrino,
con su belleza mágica y tan pura.
El inmortal José Martí
(Jotabé dodecasílabo)
José Martí, el gran poeta cubano,
gran arquitecto del sueño americano.
Sus cantos florecieron con voz ardiente
por Cuba la libre, su tierra doliente,
su pluma destilaba miel elocuente,
murió por la patria cual bronce valiente.
Sus obras eternas destilan belleza,
en cada metáfora late grandeza.
Martí renace cual fénix soberano,
su espíritu noble pervive ferviente,
su nombre conserva diamante pureza.
El algoritmo de la desazón
(Jotabé)
Mi verso se perdió sin rastro algún
No encuentro eco ni saludo común.
El reto se esfuma ya sin razón;
mi arte murió sin ninguna pasión;
mi verso se pierde en desilusión,
la red lo devora con cruel función.
El silencio me causa hondo dolor,
mi alma se duele con íntimo ardor.
No encuentro respuesta, busco ningún
será el algoritmo en cruel traición
acecha mi obra con negro terror.
José Hierro: alma en metal
(Jotabé tridecasílabo)
Forjó desde el dolor un verbo combativo
y dio voz a la herida con pulso intuitivo.
Del yunque de la cárcel nació su entereza,
templó con versos duros la amarga tristeza,
con hierro de su nombre forjó la belleza,
y alzó con lirio rojo su rara firmeza.
El norte lo arraigó con savia persistente,
Madrid lo hizo farol de canto resistente.
Fue canto que encendía un pulso más altivo,
donde canta la pena con llama y certeza,
y el alma se hace brisa de voz transparente.
Eclipse del alma
(Jotabem hexasílabo)
Sin tu fiel presencia,
marchita mi esencia.
Eco que enmudece,
aire que padece,
tu voz se adormece,
tiempo que entristece;
rota ya la cumbre,
negra pesadumbre,
mi honda trascendencia
sólo languidece,
sin más certidumbre.
Huellas y horizontes
(Jotabea)
Miro mi ruta andada, casi ya terminada,
y la huella dejada parece bien marcada.
Mis pasos ya dejados, los vuelvo a repasar,
los frutos ya guardados aquí en mi propio hogar,
El surco que abrí un día no pienso yo tocar,
lo que viví en el tiempo no vuelve a regresar.
Es la tarde que baja sobre mi pecho ardiente,
un espejo que enseña la sombra solamente.
Ya no ando yo contando la vida no empezada,
Ni las nuevas semillas que puedan arraigar;
¡la mañana está ahí, brillando intensamente!
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