Inicio Juan Benito
 
 

Directorio de poetas que escriben en Rima Jotabé



Rima Jotabé



Directorio de poetas que escriben en Rima Jotabé en lenguas diferentes al Español

Directorio de Poetas que escriben en rima Jotabé en español
 
 
ÁNGEL RAÚL MORINIGO INCHAUSTI
 
Poemas página 2
Poemas página 3
Poemas página 4
Poemas página 5
 
Ángel Raúl Morinigo Inchausti

Ángel Raúl
Morinigo Inchausti

Dr. Juan León Mallorquín (Paraguay)
Reside en Ciudad del Este
(Paraguay)

Tristeza

(Jotabé dodecasílabo)


Ya no me lleva a la casa de mi infancia
el camino que me espera en la distancia.

Ni trae la brisa... el aroma del cielo,
(aquel cielo familiar que tanto anhelo),
que inundaba la mañana con su vuelo,
llevando el arrullo del manso riachuelo.

¡Era feliz! Pero el tiempo raudo pasa...
Llenó mi dicha de silencio que arrasa.

Me volví destello de amarga sustancia,
honda melancolía sin voz, sin suelo...
Sombra vacía que la tristeza abrasa.



Mi niño lejano


(Jotabé dodecasílabo)


Llegó tu olvido, pero jamás pasó,
se quedó comigo pero te llevó.

Olvidé tu rostro pero recordé,
tus sueños de luna que nunca sembré.
Busqué tu sonrisa, pero no encontré,
en la tarde aquella que no olvidaré.

Mordí la distancia porque lo sentí,
acercarse raudo cuando me rompí...

El corazón en llamas que se apagó,
sobre las cenizas que jamás podré,
revestir de fuego porque te perdí.



Tarde ambarina


(Jotabé tetradecasílabo)


Guardaba caracolas de música marina...
En su seno de paloma, la tarde ambarina.

Pintaba los recuerdos su sombra penitente,
sobre el aliento fugaz de su tiempo inclemente.
La memoria del olvido desterró su frente,
para ver su rostro de seda en la clara fuente.

Alguien llorando la vistió de melancolía,
y se subió sobre sus alas, porque moría.

Pero el peso de la soledad en su retina...
reflejó sus ojos en la oscuridad fulgente,
como la tarde, indiferente, se despedía.



Carricero


(Jotabé)


Dicen los *ainu que fuiste exiliado
del cielo, llorando desconsolado.

Un **kamuy convertido en carricero,
porque en su labor jamás puso esmero,
y que tu pena es cantar lastimero,
en los juncales como prisionero.

Pero los druidas, en letra sagrada
te vistieron de magia (ya olvidada)...

Con cinco trazos de viento tallado
en ***Ogham, para ser el hechicero,
que guarda el portal, de la voz callada.


Glosario.

* Ainu: Pueblo originario del norte de Japón.
** Kamuy: Espritu divino en el idioma ainu.
*** Ogham: Nombre del alfabeto más antiguo de Irlanda.




Hijos del río 3


(Jotabé tetradecasílabo)


Gotean estrellas sobre la piel escarlata...
Del río que lleva la sien, vestida de plata.

Atrás, Ecúmene, bajo la luna florece,
con su memoria de plomo que nunca perece,
pero, nada sabe y de cicuta se estremece,
un hombre que plantó la luz, que en la razón crece.

Mientras otros bebían en orillas lodosas...
Giordano, ardía por «ideas pecaminosas».

Pero el fuego que en su carne la furia desata,
desata la cadena que la ignorancia ofrece...
A los hijos del río que pescan... mariposas.



Alzheimer


(Jotabé)


Galopa caballito de madera...
¡Galopa! Que urgente un niño te espera...

Deshojando recuerdos, desolado,
con los años viejos de andar cansado,
soñando volver a surcar el prado,
a tu crin de fuego al viento agarrado.

Ven caballito, que el niño te clama,
con su voz rosa de pálida flama.

Sus ojos de abril es una tapera...
El tiempo toda memoria ha borrado;
pero su caballito... siempre llama.



Poeta


(Jotabé tetradecasílabo)


Lleno de sol la noche errante, sobre las olas,
va sembrando versos en antiguas caracolas.

Ecos y destellos del quimérico Pegaso,
arrastrando va la luna su pálido ocaso,
bravío de misterio y florido de Parnaso,
vestido de espuma, deja la brisa a su paso.

Un grito de coraje en la dulce melodía...
del alma que bebe la efímera luz del día.

Y la playa que espera desierta de farolas,
ha pintado en la arena su rostro por acaso;
la voz hecha con pedazos... de melancolía.



La poesía más bella del mundo


(Jotabé tetradecasílabo)


Yo que buscaba en el canto el éxtasis divino,
como los sufíes en una copa de vino...

Soñé que el fuego del coro celeste vivía,
en los arcanos símbolos de la astrología...
En los mitos de los dioses; en la epifanía
de Hesíodo para escribir su teogonía.

¡Pero no! Leyendas, atlas, los versos de Homero...
Escandirlos fue en vano, me perdí por entero.

Ya en la aciaga soledad de mi largo camino,
de un niño escuché la verdadera poesía...
¡Mamá! -Gritaba, mientras corría con esmero.



Fuego frío


(Jotabea)


Tú que marchas pomposo con tu lira de plata,
ya verdoso de musgos, con la sien escarlata...

Dime: ¿Quién tiene el salmo de los monjes del río?
¿Dónde guarda la noche su reflejo sombrío?
Las nueve esferas vagas, lamentan el vacío
de la piedra del monte sin luz de fuego frío.

El trazo de Durero cabalga penitente,
y revela tu rostro jamás visto de frente.

Pirámides y polvo tu camino delata...
¿A dónde? ¡Nadie sabe¡ Cosechas el rocío,
que creyéndose río... se derrama en poniente.



Soledad


(Jotabé)


«Soledad» de nostalgia perfumada,
tu solaz es la pálida alborada.

Aquilón, tu perenne compañero,
melancólico azota tu velero.
La canción del perdido marinero,
en tu voz, es el llanto de «Lucero».

Corazón de silencio ya marchito...
de soñar, de mirar el infinito.

Ya jamás la presencia consagrada,
volverás a besar en el sendero;
Ni verás, «Soledad», su manuscrito.


Inspirado en la pintura «El ángel caído» (1847), de Alexandre Cabanel.

El ángel caído


Realidad paralela


(Jotabé tetradecasílabo)


Ojos digitales de etéreos corazones
solitarios, vierten en la red sus ilusiones.

Lejos de la realidad, para su calvário,
sustituyen la luz por el código binario.
Pixeles garabatean sueños; lo ordinario
se esconde para parecer extraordinario.

Dalí, Velásquez, Milton, Dante, Lorca, Cervantes...
¿Quiénes son? ¡Ah¡ Los he visto en algún «meme» antes.

Pero el oráculo plagiador de las pasiones
humanas, canta, pinta y contesta el cuestionario...
Y nosotros de nosotros... vivimos distantes.



Sacrofauno (Paul Verlaine)


(Jotabea)


Que el céfiro suspire, *Sacrofauno dorado,
con el son de tu lira de laurel coronado

Y la luna que busca tu sendero... penosa,
llore sobre el jardín de la **lucínidra rosa.
Que el eco diga al tiempo de fugaz mariposa:
«Paul Verlaine de pasión y misterio rebosa».

Que el bicorne silencio del amor compartido...
en la penumbra grite que jamás fue prohibido.

Y tu estela de mágico destello, consumado,
perdure en la desdicha de la Parca, celosa...
De ver tu corazón palpitando dormido.


Glosario

*Sacrofauno: (Del lat. sacer, sagrado, y faunus, ser mitológico de los instintos). s. m. La condición del artista que es a la vez santo y bestia; aquel que reza con la misma lira con la que peca.

**Lucínidra: (Del lat. lux, lucis, luz, y del gr. nýx, nýktos, noche). s. f. Estado poético o atmósfera liminal donde la luz y la oscuridad coexisten en perfecto equilibrio, anulando sus fronteras; destello sombrío o claridad opaca que define los paisajes del alma melancólica o el instante preciso del crepúsculo.




Estación tristeza


(Jotabé tetradecasílabo)


Llegaba el humo que se vuelve tren en la vía;
me nombró suspiro y leña, pero no sabía.

En estación tristeza no existen los espejos,
solo esperas y recuerdos que vienen de lejos...
Pero uno se marcha con los ojos sin reflejos
del adiós que queda despidiendo a los más viejos.

Y se van... se van mirándome por la ventana
no puedo pedirles: «esperen hasta mañana».

Me quedo sin infancia con la melancolía
de la noche; sin mis abuelos, sin sus consejos,
mirando partir el tren de la luna pagana.



Aguas de piedra


(Jotabé tetradecasílabo)


Remonto el río, mientras navego río abajo
dilatando la luz fugitiva en el que viajo.

Vagos resplandores en la tempestad violenta
bullen en el caos de la memoria que enfrenta,
al olvido que de los recuerdos se alimenta,
en la ribera de la desnudez polvorienta.

Y los sauces que me miran ya secos y ancianos,
sueltan sus hojas de otoños rozando mis manos.

Miro la cueva que guarda el pictórico atajo,
del hombre que en la piedra su todo representa,
su mundo y sus leyendas para tiempos lejanos.



Metamorfosis del corazón


(Jotabé tetradecasílabo)


Sembré la luna desierta; se volvió un río,
el río fue quimera y la quimera el rocío...

El rocío se volvió madera, ¡quién diría!
la madera en la barca y la barca en melodía,
la melodía en árbol y el árbol... poesía,
la poesía en sueño y el sueño en claro día.

El día se volvió lenguaje, el lenguaje en nido,
el nido se volvió tierra y la tierra; sentido.

El sentido se volvió luz, la luz; albedrío,
el albedrío en un rostro, el rostro en utopía,
la utopía en corazón y el corazón; latido.



Arrullo de tórtola


(Jotabé)


Alguna vez en la fresca mañana,
una tórtola arrulló mi ventana.

Yo que buscaba en las formas el manto
del sonido para ocultar mi llanto...
Vi llover en mi corazón su canto
de sueño y vida en celestial encanto.

En su arrullo de eterna primavera,
crepitaba el sol de la voz primera.

Aunque fugaz, su visita temprana
en el alma queda; ¡la busco tanto!
Que cada mañana, visto mi espera.



El atlas del sonido


(Jotabé tetradecasílabo)


Yo, como todos los hombres soy barro y pequeño
y como todos los hombres, yo, persigo un sueño.

Busco el misterio de la selva eterna y sonora
que en la sangre riela; la sustancia donde mora
el *ayvu, que fragua en su cosmos la casta aurora
de la libertad plena que la razón implora.

Sin decretos de escribas que impongan la verdad,
tan solo el atlas del sonido en la oscuridad...

Para encontrar la tierra sin mal, donde risueño...
He de cantar con la voz de la pluma canora,
de la selva que ya no llora... tanta maldad.


*Ayvu: Alma-palabra, concepto filosófico de la mitología mbyá-guaraní.



Horizonte herido


(Jotabé tetradecasílabo)

Voy talando el viento de los sueños al pasar;
llevo el soplo del río y las sombras sin hogar.

Voy sembrando el horizonte con gotas de olvido,
mientras el cielo fluye con el tiempo perdido.
Sangra el aire en mis ojos... y su arcano sonido
de cristal y de fuego... mi voz ha consumido.

Las horas; son plumas que van cayendo en la arena,
desnudas y sin huellas... abandonan mi pena.

Y el alma se sacude en la memoria del mar...
que se evapora sobre el reflejo ya dormido,
de la luz que bebe el frío, de la noche plena.



Agnus Dei


(Jotabea)


Manso, manso cordero de blanca vestidura,
sereno, muy... sereno, besas la piedra dura.

Un tosco nudo ata... tu fin encomendado;
ya dicta la sentencia del libro más sagrado.
Sin miedo la mirada te muestras recostado,
esperando la daga ferviente del pecado.

«Estruja el corazón la gracia inmerecida
que nos diste, Señor, pagando con tu herida».

Atrás la noche tiembla mirando la ternura,
del amor que se vierte de tu pecho entregado,
para ser lacerado... restaurando la vida.


Inspirado en la pintura, Agnus Dei, de Francisco de Zurbarán.




La música infinita


(Jotabea)


No se puede forzar que la musa sonría,
ni se puede esperar que llore poesía.

Ni la metamorfosis del verbo es la labor,
del efímero aliento de un vate soñador,
que por naturaleza buscando va el amor,
sin traicionar jamás, la voz desnuda en flor.

La música es silente, su escala es infinita,
el vate no es el dueño, tan solo es un levita.

Por eso el ruiseñor de tan triste alegría,
canta sobre la fuente contemplando el fulgor
de la luz que destella... mientras su voz medita.



Flor del alma doliente


(Jotabé dodecasílabo)


La noche borracha de paloma, vuela...
Dejando en mi pecho la voz de una estela.

Su savia de plomo despierta el rocío,
con ecos que pueblan el corazón mío.
Mi boca de nieve tiembla sobre el río,
buscando los labios de un mármol sombrío.

«Tan solo los astros besan el poniente,
con sus luces ciegas, ya de vida ausente».

Entonces me curvo frente al centinela
que guarda la puerta del tiempo vacío...
y entrego la flor del alma doliente.



Voz elemental


(Jotabé tetradecasílabo)


Tus versos fueron sables, lirios y mariposas;
pináculo de fuego con pétalos de rosas.

Un mar de pájaros verdes, de tu voz alada,
cae sobre el horizonte de belleza orlada...
Mientras, se agita en tu piel la luna enamorada,
buscando en tu carne la sonrisa perfumada.

Un suspiro de estrellas vagas rompe el cristal
de tus ojos que guardan el vidro celestial.

Entonces, a los ríos de tus venas rocosas...
Vicente Aleixandre, la luz llega ilusionada
para encontrar morada en tu voz elemental.



Pájaros perdidos


(Jotabé tetradecasílabo)


El cielo es una jaula de pájaros perdidos,
cuyos trinos son cristales de los tiempos idos.

Gotas de fuego y voces del agua derramada,
recorre la brisa de nostalgia perfumada.
La luz, temblorosa de silencio en alborada,
se derrite sobre la campana, ya oxidada.

Sobre un pino, vasto de invierno y melancolía,
persiste en la rama la pajarera vacía.

«Y mi corazón y mis sueños están heridos...
Y la primavera por la luna marchitada,
pintada está de recuerdos en la sombra mía».



Grietas del agua (ceguera)


(Jotabé dodecasílabo)


El íris, parco de tiempos ya brumosos,
con errantes nubes se fueron lluviosos.

La clara mansedumbre del agua grita,
al asfódelo que en la sombra se agita...
Y la garza de primavera bendita,
ha dejado la flor de llama eremita.

Los tulipanes de la fragua ilusoria,
caen en la fonda de ufana memoria.

Mientras los colores mueren, silenciosos,
como los astros de la noche infinita...
la luz me quita... la ganada victoria.



Narciso


(Jotabé tetradecasílabo)


Sus ojos de pájaros nevaban sobre el río...
Y sus labios de seda y miel, besaban el frío.

Buscaba las alas de una frágil mariposa,
escondida en la llama de su mirada hermosa.
(Eran sus ojos de una soledad luminosa,
suspiro de fuego sobre pétalos de rosa).

Vertió sobre el vidro del tiempo todo su ser,
y el agua en sus ojos... su tristeza pudo ver.

Entonces el sueño del sueño, como el rocío,
se dejó caer sobre una lágrima piadosa,
para que Narciso por fin, pueda florecer.



La barca de Sidón


(Jotabé tetradecasílabo)


Llevo en la mano un reloj que no marca la hora,
pero guarda el aliento de una pálida aurora...

Y vierte su sílice en la fragua del olvido,
dejándome el corazón, de crepúsculo herido.
Escucho los goznes de su puerta, estoy dormido,
y sueño que desde Sidón, mi barca ha partido.

No busco el camino, dejo mi albedrío al viento,
rehén de mi suspiro y la piel de mi lamento.

Que vuele sobre el destino que la Parca ignora,
para que la palabra muda encuentre el sonido,
para decir mi nombre en el último momento.



Adánico lenguaje


(Jotabea)


Desterrado el espíritu de la conciencia pura,
pierde el verbo de fuego donde la luz perdura.

Entre el ser y la nada, se levanta un abismo,
su adánico lenguaje tornose un espejismo...
Y la carne, es el eco primigenio del mismo;
arquitectura viva de sacro simbolismo.

Somos el manuscrito de un sonido distante;
sintaxis de un exilio con la voz vacilante...

Mas si el alma trasciende sobre la noche oscura,
hallará lo inefable suspirando lirismo;
es la voz que perdimos la materia sangrante.


(Jotabé ganador de una Distinción del XV Certamen Poético Internacional Rima Jotabé)



Le Mat


(Jotabé)


Porque lo tiene todo es el vacío,
esencia romo del fuego y del frío.

Arcano mendigo, sueño y locura...
Es la voz errante de la llanura,
alegre viajante que no se apura,
para ver la luz de la noche oscura.

Mientras va cruzando ríos y ocasos,
los perros muerden siguiendo sus pasos.

Y florece en su suerte el albedrío,
de ser la senda de la vida pura,
sin importar éxitos ni fracasos.



Grafía del eco


(Jotabea)


¿Dónde están las ovejas de pastores perdidos?
¿Dónde están los testigos de los sueños heridos?

Nunca remonta el viento sus voces apagadas,
ni la rosa perfuma, mil tumbas olvidadas...
Pero lloran las aves... lloran las alboradas,
que llegaron llevando, dulces tristes miradas.

Antiguas profecías sobre las piedras mienten...
Las verdades eternas de los que ya no sienten.

Los ecos abrazaron los senderos dormidos...
Y las marchitas flores de cristales orladas,
en mis sangrantes noches... penosas, me consienten.



Amarillo


(Jotabé tridecasílabo)


Amarillo el fuego azul del cielo amarillo,
amarillo el ocaso de llama sin brillo.

Amarillo el bramido de la noche ardiente
amarillo. Amarillo el miedo que no miente
en el rostro de un niño. Amarillo en el frente...
El grito del plomo con el hombre inclemente.

Amarillo el sueño que muere en la batalla,
amarillo el pecho cargando una medalla.

Amarillo el sol, con su lenguaje sencillo,
nadie duda que es de día estando presente,
pero ausente, sobre el mármol su voz estalla.



Ángeles


(Jotabé)


En la tumba de los ángeles llora...
La marchita inocencia de la aurora.

Pequeñas gotas de sueños perdidos,
brillan en blancos silencios, dormidos...
Ya para siempre con los oprimidos
sembrando quedos, otoños floridos.

¡Ay, cuánto dolor, cuánta soledad!
¡Oh, vasto fuego de la oscuridad!

En tu vientre la muerte se devora,
con la sangre de los tiempos vividos,
de dioses mendigos y sin piedad.



Marte


(Jotabé dodecasílabo)


¡Cuán alegre regresa el dios escarlata!
Nutrido de plomo su furia desata.

Ya llena su cáliz de sangre inocente,
que bebe sin demora estando caliente.
Mientras mira la matanza, indiferente,
va cosechando el odio del Medio Oriente.

¡Qué necio es el hombre por tanta osadía!
cambiando su paz por dolor y agonía.

Marte, jamás concede tesoros: ¡Mata!
Y su sed de destrucción es permanente,
dejando a su paso la ruína sombría.



Anhelado pensil


(Jotabé)

(Fragmento)


Miente el poeta su dicha lozana,
mienten las musas de lira pagana.

Miente el otoño sediento de fuego,
miente la voz perfumada de ruego,
miente el adiós un fugaz; «hasta luego»,
miente el corazón diciendo que es ciego.

Pero jamás miente el alma doliente,
que lleva del pasado un sol naciente...

Soñando que descansará mañana,
en un pensil de celestial sosiego,
donde el río bañe al otro muriente.



Elegía al vate cabrero


(Jotabé tetradecasílabo)


Sobre una rosa blanca, se desangra el rocío,
mientras un ave cantando va subiendo el río.

Quedo llora un verso su vate que lo envenena,
raudo el viento ha pasado derramando su pena.
Un arpegio de luna cae sobre la arena,
lejos un árbol desnudo de otoño se llena.

¿Dónde estás pastor del triste canto prisionero?
Tu lira ya sin dolor ha guardado el lucero...

Y tus mármoles de estrellas sobre el prado frío,
llenaron cipreses de melancolía plena,
tu voz ya no quema el corazón, vate cabrero.



El alma del reflejo


(Jotabemo Espejo Misver)


Doliente corazón de poesía...
Frente pálida de melancolía.

Desterrada, pero, vives soñando,
derramada dulzura cosechando,
desolada, flores negras pintando,
sagrada y profana, fluyes volando.

¿Viento de fuego, mi lar tu borraste?
Lamento florido en todo dejaste.

Creciente soledad de lejanía,
morada buscando pasas matando;
presiento ya muriéndome... llegaste.


Presiento ya muriéndome... llegaste,
morada buscando pasas matando...
Creciente soledad de lejanía.

Lamento florido en todo dejaste...
¿Viento de fuego, mi lar tu borraste?

Sagrada y profana, fluyes volando,
desolada, flores negras pintando,
derramada dulzura cosechando,
desterrada, pero, vives soñando.

Frente pálida de melancolía...
Doliente corazón de poesía.



Reflejos del alma


(Jotabemo Espejo Misver)


Poesía de corazón doliente,
melancolía de pálida frente.

Soñando vives, pero desterrada,
cosechando dulzura derramada.
Pintando negras flores, desolada,
volando fluyes, profana y sagrada.

¿Borraste tu lar, mi fuego de viento?
Dejaste todo en florido lamento.

Lejanía de soledad creciente,
matando pasas buscando morada;
llegaste, muriéndome ya presiento.


Llegaste, muriéndome ya presiento,
matando pasas buscando morada...
Lejanía de soledad creciente.

Dejaste todo en florido lamento...
¿Borraste tu lar, mi fuego de viento?

Volando fluyes, profana y sagrada,
pintando negras flores, desolada,
cosechando dulzura derramada;
soñando vives, pero desterrada.

Melancolía de pálida frente,
poesía de corazón doliente.



Anacoa*


(Jotabea con rima leonina)


Es una sensación de sombra y melodía,
que llena el corazón de pena y alegría.

Es la vétera casa, donde desconsolado,
llega el alma y rebasa la premura del hado,
para sentir que pasa su tiempo desterrado,
con el eco que abrasa su camino olvidado.

«Anacoa del ser, de hermosura doliente...
Las llamas del ayer, he nombrado su frente».

La lejana visión, la hidroica* sombra mía;
el murmullo que rasa la selva del pasado,
para que pueda ver por un rato, mi fuente.

Glosario de términos.

Anacoa: (Del gr. ana-, repetición o hacia atrás, y el lat. aqua, agua)
sust. f. Estado de ánimo que funde la melancolía del recuerdo con la fluidez del presente; percepción del pasado no como algo estático, sino como un eco que fluye y retorna constantemente en la corriente de la vida.

Hidroico, ca: (Del gr. hydros, agua, y oikos, casa u hogar)
adj. Perteneciente o relativo a la identidad que habita en el flujo de la memoria. Dícese de aquello que encuentra su centro o refugio esencial en el devenir constante del tiempo.




Versos de tierra y cielo


(Jotabemo Espejo Misver dodecasílabo)

a José María Gabriel y Galán


Desde el sacro cielo, manso ruiseñor,
brotan ya tus versos de un jardín en flor.

En el corazón del mortal que planta,
tu voz de esperanza brilla y se agiganta,
surcando los sueños que la luz levanta,
abraza el arado tu pluma que encanta.

Frades de la sierra te dijo al nacer:
—¡Oh, José María! Para conocer...

Con sereno brío besando el dolor;
del alma derrama la vida que canta,
el hombre del campo para florecer.


El hombre del campo para florecer,
del alma derrama la vida que canta,
con sereno brío besando el dolor.

—¡Oh, José María! Para conocer...
Frades de la sierra te dijo al nacer:

«Abraza el arado tu pluma que encanta,
surcando los sueños que la luz levanta,
tu voz de esperanza brilla y se agiganta,

en el corazón del mortal que planta».
Brotan ya tus versos de un jardín en flor,
desde el sacro cielo, manso ruiseñor.



Dulce mar


(Jotabé tetradecasílabo)


En tu seno de paloma, la luna se posa,
mientras el viento besa tu melena sedosa.

Va cantando el marinero su dulce lamento,
sobre tu vientre de sal, su dicha y su tormento...
«¿Quién sino la mar para guardar el juramento,
del pobre náufrago que murió sin testamento?»

En tus ojos rielan los astros ya sin estelas,
como sombras lejanas de antiguas carabelas.

Y tu espuma, fractal del tiempo y la mariposa,
pinta la tarde con un silencio amarillento...
Entonces pregunto dulce mar; «¿qué más anhelas?»



Umul: El testigo del Abzu


(5 Jotabés dodecasílabos)


I

El Abzu, dulce y sagrado manantial,
era el abismo y la arcilla primordial.

Bebía de su fuente aquel caminante,
forjador del tiempo y de la luz errante,
era el dios Enki, de la sien fulgurante;
el de ignoto origen de voz penetrante.

Cansados los dioses de arar la llanura,
buscaron quien cargue con tal desventura.

Mezclaron lodo con sangre celestial:
¡Naciendo el hombre, para el yugo vacante,
plantando la esperanza en la tierra dura!


II

De gozo llenos por la mano lograda,
brindaron los dioses, la feliz jornada.

Con néctar de palmas y jarras de vino,
jugaron a ser del azar el destino.
Ninmah, desafiante, tomó del camino
un puño de barro consciente del tino:

«¿Enki, podrá tu luz buscar un sendero,
al cuerpo que nazca de mí sin esmero?»

Con dedos de diosa, febril y alterada,
formó siete seres de barro sin tino,
reflejos del hombre, pero sin lucero.


III

Al hombre sin ojos, sumido en lo oscuro,
Enki, le dio su lira en verso maduro.

A aquel que no le puede mover ni el viento,
puso en un palacio, con un juramento:
«Tú serás el guía, con voz de portento,
de reyes y sabios en este aposento».

Enki, para los siete forjó la llama,
encontrando un lugar en la misma rama.

Enki, ganando el desafío, seguro;
a Ninmah reta con el mismo argumento,
agarra del abismo el lodo sin flama.


IV

Y brota de sus manos un ser sin vida,
de carne incompleta y de faz afligida.

Umul fue su nombre, con ojos de arena;
un grito que calla su propia condena.
La diosa lo mira silente de pena,
sabe que la competencia lo envenena.

Mas Enki lo acoge, su amor no se agota:
¡Hay luz en el alma que parece rota!

La flor del Abzu de bondad sin medida,
fundiendo el silencio rompió la cadena,
al darle al Umul el sueño que de él brota:


V

«Su sitio es mi templo, mi pan y mi abrigo,
pues todo lo mío lo llevo conmigo».

Callaron las aguas del dulce torrente,
y el hombre aceptó su labor de sirviente,
el tiempo lejano se volvió presente,
y el mito de los dioses quedó silente.

Mas bajo el abismo, en el lodo sagrado,
el Umul duerme por el dios amparado.

Es un sueño suave, del hombre testigo,
esperando un sonido de voz ausente,
para ser nuevamente, el más triste hado.

 
     
 
    Arriba